Los nuevos desafíos

    Por Oscar Laborde
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    05 Nov 2014
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    El "NO AL ALCA" representó un quiebre en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Por un lado, exigió al poder imperial realizar un replanteo en su estrategia en la región y a los países que emprendieron esa iniciativa, comprender que se estaba gestando un proceso inédito, encabezado por un grupo de presidentes que tres años antes prácticamente no tenían relaciones políticas entre ellos.

    La incorporación a la economía estadounidense de Canadá a fines de los '80, la implementación del NAFTA, los acuerdos con los países andinos y finalmente el ALCA eran los cuatro pasos de la estrategia norteamericana para poder garantizar el libre comercio y una influencia política aún mayor, en todo el continente; que Néstor Kirchner, Lula, Chávez, Tabaré Vázquez y Nicanor Duarte Frutos desbarataron, enfrentándose, incluso, con el resto de los presidentes. Con el correr de los años y de los acontecimientos es válido preguntarse las consecuencias que hubiese tenido para Sudamérica la firma de esos tratados con solo revisar sus resultados en países como México y la imposibilidad que tuvo Estados Unidos de descargar, a discreción, sus repetidas crisis internas en las economías al sur del Río Grande.

    El "NO al ALCA" fue en el plano de las relaciones internacionales, también, el empoderamiento por parte de un numeroso grupo de presidentes de reclamos históricos, de luchas y resistencias contra la dominación y las políticas imperialistas llevadas adelante por centenares de años. Desde esa perspectiva se creó la Unasur, se formalizó la CELAC y se fortaleció el MERCOSUR; pero como era de prever, el replanteo de Estados Unidos se materializó con la constitución de la Alianza del Pacífico, que tiene una doble finalidad: por un lado aislar a China buscando incorporar a la misma a otros socios asiáticos y, también, generar un modelo de integración alternativo. En este tablero geopolítico, que incluye la implementación de golpes suaves, amotinamientos policiales, guarimbas, campañas de desprestigio vía los grandes medios de comunicación y destitución de presidentes por alzamientos militares; aparecen claros desafíos para los gobiernos nacionales y populares.

    Pese a los triunfos electorales de todo este año, el mensaje de las urnas y multitudinarias movilizaciones demostraron la necesidad de profundizar las conquistas logradas y de repensar los límites y alcances del actual proceso de integración en términos políticos y económicos; donde la participación de las organizaciones sociales debe tener un rol mucho más protagónico. Recrear la Unasur, poner en funcionamiento el Banco del Sur, apostar a una moneda única con la experiencia desarrollada con el Sucre y plantear una estrategia de conjunto frente a los Brics, la Unión Europea y en los foros internacionales, parecen transformarse en iniciativas prioritarias; si se quiere salir del amesetamiento en que hoy se encuentra nuestra integración regional.

     

    Publicado en Tiempo Argentino.

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