Posibles efectos del Acuerdo Transpacífico (TPP)

    Por Marwin Flores Orellana
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    02 Mayo 2016
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    Después de algo más de siete años de negociaciones, el 3 de febrero, en la ciudad de Auckland, Nueva Zelanda, los representantes de algunos de los países de la cuenca del Pacífico (Estados Unidos, Canadá, México, Perú, Chile, Australia, Brunei, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam) firmaron el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés, Trans-Pacific Partership), el cual es un megatratado comercial que engloba la participación de 12 países, que en su totalidad representan más de un tercio del Producto Interno Bruto (PIB) global, una cuarta parte de las exportaciones mundiales, y un mercado potencial de alrededor de 812 millones de habitantes.

    Si bien existen detractores y defensores del Acuerdo, es importante analizar cuáles serían los efectos de su implementación en la economía mundial y regional a partir de un análisis comercial e integracionista.

    Desde el punto de vista económico, los favorecedores al TPP se apoyan en las proyecciones de modelos cuantitativos elaborados por P. Petri y M. Plummer, que predicen aumentos reales a largo plazo de entre 0,5% y 8% en las economías de los países signatarios. Por otro lado, los oponentes se basan en investigaciones de J. Capaldo y J. Kwame, en cuyos modelos se predice elevados índices de desempleo y salarios más bajos, así como un decrecimiento en los ingresos reales de los países participantes, en especial de los dos principales, como son Estados Unidos y Japón. Asimismo, modelos elaborados por Preti y Plummer asumen que los mercados laborales son lo suficientemente flexibles para soportar posibles pérdidas de fuentes de empleo, ya que estas últimas estarían compensadas por la creación de nuevos puestos de trabajo en otros países. Sin embargo, investigaciones realizadas por la Universidad de Harvard concluyen en que “el acuerdo elevará los salarios en los países TPP, pero no se prevé que cambien sus niveles de empleabilidad”.

    En lo relacionado al comercio, no existen importantes contradicciones entre los académicos. Las diferencias surgen en gran parte sobre la hipótesis acerca de cómo las economías responderán a los cambios en el volumen de exportaciones e importaciones provocados por la liberalización. Dichos estudios afirman que la mayor parte de los beneficios económicos del TPP provendrán de reducciones de las barreras no arancelarias (como las barreras regulatorias sobre servicios), y la reducción de los obstáculos a la inversión extranjera.

    En lo referido a los procesos de integración que se vienen generando, el principio mismo del TPP socava las negociaciones llevadas adelante por la OMC (Organización Mundial del Comercio) en el ámbito multilateral, donde ejemplos recientes, como lo suscitado en la última reunión llevada a cabo en Nairobi, demuestran que las principales potencias intentan reducir la capacidad de realizar concesiones que resulten significativas al comercio multilateral, postergando de esta forma los alcances logrados en la Ronda de Doha.

    Si nos retrotraemos en el tiempo, el primer gran intento de acuerdo  regional fue el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), en el cual Estados Unidos emprendió una política exterior basada en el bilateralismo, derivado en los Tratados de Libre Comercio (TLC). Sin embargo, era difícil pensar que la postergación de este tipo de acuerdos conllevaría a un nuevo nivel de negociaciones internacionales, en las cuales temas que en su momento eran imposibles de incluir, como comercio electrónico, transparencia, innovación tecnológica y derechos de internet, son en la actualidad parte integral de los 30 capítulos que abarca el TPP (Acceso a Mercados, Reglas de Origen,

    Obstáculos Técnicos al Comercio, Medidas Sanitarias y Fitosanitarias, Defensa Comercial, Competencia, Compras Públicas, Servicios, Inversiones, Comercio Electrónico, Telecomunicaciones, Entrada Temporal, Servicios Financieros, Asuntos Legales, Propiedad Intelectual, Medio Ambiente, Laboral y Cooperación, Coherencia Regulatoria, Competitividad, Desarrollo y Pequeñas y Medianas Empresas).

    En lo que concierne a la región, la implementación del TPP conlleva a analizar ciertos aspectos. Primero, el TPP ofrecerá la oportunidad de acumular origen en la fabricación de los productos, lo cual facilitará una mayor participación en las cadenas de valor de los demás miembros, convirtiéndola en una gran fábrica de bienes de alto valor agregado. Segundo, otra gran fortaleza que se advierte es que los países miembros podrán conectar las cadenas internacionales de valor mediante la producción de insumos que formarán parte de otro producto. Pero en este punto es donde comienzan los problemas, ya que esto significa que, dada una elección, un productor preferirá insumos de Chile en lugar de Bolivia, aunque el producto boliviano sea más barato. A esto se llama “desviación del comercio” y es perjudicial para los países que no son parte del Acuerdo. Este tipo de políticas suele ser común en los TLC, por lo que el TPP seguramente contendrá cláusulas que limiten la posibilidad de los países no firmantes de enlazarse productivamente con el resto, lo cual confirmaría el precepto establecido por Joseph Stiglitz quien menciona que “el TPP no es más que un acuerdo para administrar las relaciones comerciales y de inversión, en donde los más poderosos y las grandes multinacionales impondrán sus reglas.”

    Es posible que el Acuerdo Transpacífico estimule los flujos de comercio mundial, proporcionando a la economía regional un desarrollo de largo plazo, dando paso a una nueva era de integración comercial. Sin embargo, los que creemos que este mega-acuerdo, como las experiencias anteriores, proporcionará beneficios desiguales, tenemos buenas razones para estar preocupados.

     

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