Aquellas viejas nuevas derechas

    Por Ariel Basteiro
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    Nov 15, 2016
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    La restauración conservadora que se está dando en Latinoamérica, tiene a la Argentina y a Brasil como la cabecera de playa del desembarco yankee en su intento por instalar gobiernos de derecha en cada uno de los países del cono sur.
     
    El Departamento de Estado, a veces, y las embajadas de los EE.UU., casi siempre, son la fuente de la cual se nutren los políticos títeres de esas “nuevas derechas”, que tienen mucho de derecha y poco de nueva, y utilizan el marketing como piel de cordero para ocultar sus colmillos. Nos ha enseñado la historia que las embajadas yankees funcionan como centro de operaciones para la desestabilización de gobiernos populares y el financiamiento de la manipulación mediáticas y política. En ese sentido es que el presidente Evo Morales ha expresado más de una vez que el motivo por el que Estados Unidos nunca ha sufrido un Golpe de Estado es que allí no tienen una embajada propia.
     
    Así como Juan Carlos Mariátegui nos enseñaba que los procesos revolucionarios no puede ser “ni calco ni copia” de otros semejantes, de esa misma forma, las diferentes desestabilizaciones se dieron de diferentes maneras: golpe parlamentario en Paraguay, golpe de los “servicios” militares en Honduras, golpe parlamentario-judicial en Brasil, clima destituyente mediático en Argentina., intentos secesionista (entre tantísimos otros)Bolivia, intento de golpe policial en Ecuador y un sin número de acciones de diferente magnitud en Venezuela. De todos estos casos se puede extraer un claro denominador común que es la embajada de EE.UU.
     
    Pero estas embajadas no trabajan solas, tienen necesariamente su anclaje territorial en las clases dominantes de cada país (banqueros, agroexportadores, periodistas, etc.) lo que durante los 70s y 80s habían logrado a través de golpes militares, en los 90s lo hicieron colonizando partidos históricos-populares (en Argentina el PJ, en Brasil el PMDB, en Bolivia el MIR, en Perú APR, en Méjico el PRI).
     
    A partir del 2000, las derechas latinoamericanas han tenido un largo periodo introspectivo producto de los sucesivos fracasos electorales, su incapacidad para representar a otros sectores sociales que no sean ellos mismos, y el claro avance de los gobiernos de izquierda a lo largo de nuestra Patria Grande. Durante ese periodo los espacios de oposición lo ocuparon principalmente los medios de comunicación, acompañados por los intereses corporativos de cada país.
     
    Durante ese periodo introspectivo trabajaron en dos sentidos. Por un lado, mediante financiamiento internacional creando ONGs de estudio y formación de cuadros administrativos para lavar su imagen neoliberal, dándose un barniz democrático y descontracturado. Por el otro aguardar que los medios de comunicación hagan el trabajo sucio de constante deslegitimación de los procesos revolucionarios para aprovechar electoralmente el momento oportuno para hacerse con el poder.
     
    Más de un teórico nos ha explicado la importancia que tienen los medios de comunicación en la disputa por el sentido común. Hoy en esta etapa de redes sociales de por medio, los medios muchas veces funcionan como tribunales judiciales previos. Es decir, que terminan siendo ellos los encargados de determinar quién tiene la Verdad, quien es corrupto o quien cometió algún delito. Es así que se vuelve central en la estrategia de las nuevas derechas el control de la agenda mediática, ya que son ellos los que garantizan que sus políticas de ajuste no sean vistas como tal, que sus actos de corrupción sean invisibilizados (Panama Papers en Argentina, Petrolao en Brasil) y que se instale nuevamente un sentido común del sálvese quien pueda.
     
    Esta corporación tiene en Brasil a la red O ‘globo, el Grupo Clarín en Argentina y Globovisión en Venezuela, por nombrar solo algunos ejemplos. Estos grupos multimediáticos hacen de una profesión noble, como la es el periodismo, una máscara que oculta sus verdaderos objetivos, que no son otros que representar al status quo dominante.
     
    Es así que estas nuevas derechas han logrado articular los servicios que le prestan los grandes grupos multimediáticos con una aguda campaña de marketing que no tiene otro objetivo que restituir los privilegios que tenían hasta la llegada de nuestros gobiernos populares al poder.
     
    Es así que vivimos hoy en un clima de restauración conservadora, o como lo definiría Álvaro García Linera, estas derechas llegan como olas entre la marea de izquierda que se prepara a llegar, y como ya sabemos no hay fuerza más potente y avasallante como la de una marea.
     
    Por este motivo, y no por cualquier otro, es que la embajada de EE.UU. y sus lacayos temen profundamente que esa marea los tape. Para evitar que eso pase se sirven de jueces cómplices, que argucias mediante, intentan proscribir a nuestros líderes haciendo acusaciones falsas de falsedad absoluta, con el objetivo puesto en que ni Cristina Kirchner ni Lula Da Silva sean candidatos en las elecciones presidenciales futuras.
     
    Temen que ni los medios de comunicación ni el marketing político puedan empañar la memoria colectiva de los millones de compatriotas latinoamericanos que se vieron beneficiados por las políticas de redistribución del ingreso y ampliación de derechos sociales, laborales, civiles y políticos. Temen que un par de malas noticias y las mentiras que dicen a diario no sirvan para ocultar sus colmillos, porque saben que aunque la mona se vista de seda, mona queda.
     
    El avance en Argentina
     
    En los últimos 11meses de Gobierno de Mauricio Macri, la fenomenal transferencia de ingresos que se dio desde los sectores asalariados hacia las corporaciones empresarias no tiene precedente, reducción de impuestos al conglomerado agroexportador y mineras, aumento de tarifas de hasta 1000% a todas las empresas privadas que operan servicios públicos, devaluación de casi 50% que benefician a los exportadores y perjudica a los asalariados, aumento de la desocupación, inflación que pega fuertemente en la canasta básica, aumentos en impuestos a los salarios, reducción del presupuesto nacional para ciencia y tecnología, educación, salud y acción social hechos que en vez de ir reduciéndose seguramente en los próximos meses van a continuar aumentando la brecha entre los que más y menos tienen. en definitiva la derecha vuelve a implementar un plan económico de los 90, pero no de 1990 sino de 1890, no un plan neoliberal sino definitivamente liberal conservador, como lo hicieron a final del siglo XIX para instrumentar una matriz que durante más de 100 años nuestros pueblos sufrieron y que a partir de la instauración de los gobiernos populares de izquierda en Latinoamérica habíamos enterrado, la lucha aún no termina y está cerca por el propio peso de las medidas que los sectores populares sufren, volver a recuperar gobiernos como los de Lula o Cristina Fernández de Kirchner, aprendamos como ellos lo demuestran, que la última lucha que se pierde es la que se abandona
     
     
    * Ex Embajador de Argentina en Bolivia.

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